Meditación budista
El ahogo llegaba
casi siempre en las noches
Mi mamá se sentaba
en el borde de mi cama
a planchar los trapos de la cocina
uno a uno, para ponerlos
sobre mi pecho
Recuerdo una tela deshilachada,
otra tela gruesa, otra de rayas,
y su gesto para probar si ya
tenían buena temperatura
Cuando un trozo estaba listo,
lo extendía sobre mis
pulmones nublados
El asma me impedía dormir
y después de que mi mamá
ponía la tela hirviendo
en mi torso pequeño,
mi papá me ponía la cobija encima
y se repetía el gesto un buen rato
Cuando el trapo se enfriaba
era reemplazado por otro
recién salido del contacto
con el metal caliente
Pasábamos los tres algunas
horas de la noche
esperando a que el aire
volviera a atravesar mis bronquios
Para cerrar el rito
mi papá me ponía un ungüento
con olor a eucalipto
sobre el esternón
y me decía que cerrara los ojos,
que respirara ese aroma,
mi mamá recogía los trapos
y me besaba la cabeza
Secretamente, yo
amaba esos momentos
y me dormía
con el pecho enrojecido,
engrasado de menticol,
agradecida por el aire
que regresaba de a poco
casi siempre en las noches
Mi mamá se sentaba
en el borde de mi cama
a planchar los trapos de la cocina
uno a uno, para ponerlos
sobre mi pecho
Recuerdo una tela deshilachada,
otra tela gruesa, otra de rayas,
y su gesto para probar si ya
tenían buena temperatura
Cuando un trozo estaba listo,
lo extendía sobre mis
pulmones nublados
El asma me impedía dormir
y después de que mi mamá
ponía la tela hirviendo
en mi torso pequeño,
mi papá me ponía la cobija encima
y se repetía el gesto un buen rato
Cuando el trapo se enfriaba
era reemplazado por otro
recién salido del contacto
con el metal caliente
Pasábamos los tres algunas
horas de la noche
esperando a que el aire
volviera a atravesar mis bronquios
Para cerrar el rito
mi papá me ponía un ungüento
con olor a eucalipto
sobre el esternón
y me decía que cerrara los ojos,
que respirara ese aroma,
mi mamá recogía los trapos
y me besaba la cabeza
Secretamente, yo
amaba esos momentos
y me dormía
con el pecho enrojecido,
engrasado de menticol,
agradecida por el aire
que regresaba de a poco
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